La vacuna contra el COVID-19: UN PRIVILEGIO

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Hace poco escuché a una mujer contar su experiencia con la vacunación contra el COVID-19. Estaba emocionada. Después de esperar varias horas se pudo vacunar. Ella expresó: “poder vacunarme fue un privilegio”.

Varios días después leí el artículo del incidente que ocurrió en Seattle con las vacunas. Refrigeradores en donde almacenaban más de un millar de vacunas sufrieron desperfectos, y las vacunas estuvieron a punto de perderse. La institución donde ocurrió el incidente circuló avisos por las redes sociales. Como resultado, cientos de personas acudieron a la vacunación de emergencia realizada en horas de la noche y la madrugada. Muy probablemente para éstas personas también la vacunación fue un privilegio.

Desde el punto de vista sociológico, privilegio es la condición de ventaja que tiene una persona o grupo de personas por conseción de un foro superior o determinada circunstancia. Así ocurre, para unos ventaja y para otros desventaja, el acceso al cuidado de la salud.

Ciertos sectores de la población tienen el privilegio de contar con los servicios de prevención y cuidado médico más que otros, ya sea por su nivel socioeconómico, etnicidad, edad o circunstancia de vida.

Durante la pandemia los países desarrollados iniciaron esfuerzos masivos para la distribución y administración de la vacuna, con miras a proteger con inmunidad a los distintos sectores de la población. Lugares y grupos con menos recursos todavía esperan.

Puerto Rico es uno de los lugares privilegiados en el mundo. El país cuenta con la vacuna desde que se comenzó a distribuir, y dicho privilegio merece usarse con conciencia.

Considerando las personas que aún esperan por la vacuna y el hecho de que la reducción en el número de infecciones y muertes por COVID-19 se observará cuando se logre vacunar a la mayoría de la población, corresponde a toda persona vacunada continuar practicando medidas de prevención. Por eso aunque nos vacunemos. actuemos como si no lo estuviéramos.

La inmunidad provista por la vacuna reduce el riesgo de desarrollar enfermedad grave ante la exposición al COVID-19. Pero es pertinente recordar que aún vacunados podemos infectarnos y transmitir el virus a los que aún se encuentran vulnerables y permanecen en riesgo de desarrollar enfermedad grave al no tener inmunidad. Por lo tanto continuemos implementando las prácticas de prevención que incluyen:

  • El distanciamiento físico.
  • El uso correcto de mascarillas sobre nariz y boca.
  • El lavado frecuente de manos con agua y jabón, o con desifectante de manos, entre otras.

Somos privilegiados cuando recibimos la vacuna. El privilegio trae consigo la responsabilidad de continuar protegiéndonos, y de proteger de la infección a los que todavía aguardan por la oportunidad.

Foto Vacuna COVID-19 1 Photo by Maksim Goncharenok 

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